jueves, 5 de enero de 2017

Noche de ilusión


El camello se pinchó
con un cardo del camino
y el mecánico Melchor
le dio vino.

Baltasar
fue a repostar
más allá del quinto pino...
e intranquilo el gran Melchor
consultaba su 'Longinos'.

¡No llegamos,
no llegamos y el Santo Parto ha venido! 
-son las doce y tres minutos
y tres Reyes se han perdido-.

El camello cojeando
más medio muerto que vivo
va espeluchando su felpa
entre los troncos de olivos.

  Acercándose a Gaspar
Melchor le dijo al oído:
-Vaya birria de camello
que en Oriente te han vendido-.

A la entrada de Belén
al camello le dio hipo.
¡Ay qué tristeza tan grande
en su belfo y en su tipo!

Se iba cayendo la mirra
a lo largo del camino,
Baltasar lleva los cofres,
Melchor empuja al bicho.

 Y a las tantas ya del alba
-ya cantaban pajarillos-
los tres Reyes se quedaron
boquiabiertos e indecisos,
oyendo hablar como a un Hombre
a un Niño recién nacido.

-No quiero oro ni incienso
ni esos tesoros tan fríos,
quiero al camello, le quiero-.
Le quiero-repitió el Niño-.

 A pie vuelven los tres Reyes
cabizbajos y afligidos.
Mientras el camello echado
le hace cosquillas al Niño. 

Gloria Fuertes


miércoles, 4 de enero de 2017

Las horas


Tiempo sin tiempo

Preciso tiempo necesito ese tiempo
que otros dejan abandonado
porque les sobra o ya no saben
que hacer con él
tiempo
en blanco
en rojo
en verde
hasta en castaño oscuro
no me importa el color
cándido tiempo
que yo no puedo abrir
y cerrar
como una puerta

tiempo para mirar un árbol un farol
para andar por el filo del descanso
para pensar qué bien hoy es invierno
para morir un poco
y nacer enseguida
y para darme cuenta
y para darme cuerda
preciso tiempo el necesario para
chapotear unas horas en la vida
y para investigar por qué estoy triste
y acostumbrarme a mi esqueleto antiguo

tiempo para esconderme
en el canto de un gallo
y para reaparecer
en un relincho
y para estar al día
para estar a la noche
tiempo sin recato y sin reloj

vale decir preciso
o sea necesito
digamos me hace falta
tiempo sin tiempo.
Mario Benedetti





sábado, 17 de septiembre de 2016

Luna de la cosecha



La Luna de Cosecha ("Harvest Moon") cuyo nombre procede de los países nórdicos, es la Luna Llena más cercana al Equinoccio de Otoño.

Es llamada la luna de la cosecha debido a que los agricultores podían prolongar un poco más sus jornadas de trabajo en esta época de recolección, iluminados por la luz tan brillante de esta luna llena.

Esta luna es doblemente mágica ya que se une con Mabon, la entrada del otoño. En la mitología y antiguas creencias nórdicas esta era la Luna más poderosa del año y durante esta noche se bendecían las cosechas para que fueran abundantes.


Fragmento de la novela La luna de la cosecha.
de
Anxos Sumai

Caminaba lentamente, rodeada de mariposas nocturnas y del croar distante de las ranas. Caminaba por un paisaje derruido, de volcanes muertos y de negra lava solidificada. Los pies descalzos levantaban el polvo de la llanura que se abría ante ella, cubierta por la oscuridad de la noche. Estaba medio desnuda, el vientre y los pechos desnudos, aunque cubría la cabeza con una tela de gasa blanca. Había algo sensual y repulsivo al mismo tiempo en aquella mujer, porque su deseo era demasiado evidente y dejaba tras ella un intenso olor genital. En las manos portaba una hoz, que despedía fulgores de hierro oxidado. A su paso los perros, excitados por el olor de la mujer, aullaban como lobos en celo pero ella no los temía, ni siquiera desviaba la mirada del sendero que la arrastraba. Por fin, aun rodeada de mariposas, llegó junto a una losa de piedra pulida y se acostó en ella, con las piernas abiertas y la cara cubierta por el paño de gasa. Posó la hoz sobre los pechos y esperó. Notó como alguien se acostaba sobre ella y la poseía hasta el delirio. Después abrió los ojos y, despacio, la luz y la oscuridad fueron una sola cosa, un universo vibrante y cubierto por un fulgor azulado que deshilachaba las sombras de la noche.

—Es la hora -murmuró la mujer-. Amanece la luna de la cosecha.

Bet despertó con una deliciosa sensación en el cuerpo. Dio media vuelta en la cama y siguió durmiendo.



jueves, 23 de junio de 2016

Alegría


Soneto la alegría de vivir
No se razona, no se piensa en nada, 
Su surtidor tan sólo, la Alegría, 
Abrir los ojos, saludar al día, 
El alma ebria de cielo, enajenada.

Sentir la tierra vegetal, mojada, 
Los pájaros, el mar, la lluvia fría, 
Sentir que toda la belleza es mía 
Que es mío el mundo y mía esta jornada.

Sentir la vida como un don del cielo 
Sin dolores, sin ansias, pura y fuerte, 
Vivir, sólo vivir, qué hermoso anhelo.

Confiar en el destino y en la suerte 
Y libre de quebrantos y recelo 
No temerle a la vida ni a la muerte.

Fermín Estrella Gutiérrez


miércoles, 27 de abril de 2016

Nunca fui creyente



Este texto lo escribí hace ya mucho tiempo para un reto de textos de terror.

Espero que os guste... o no, porque algo de miedo si que da...

Nunca fui creyente, en ocasiones cuando hablamos de ello, Elisa trata de convencerme de la existencia de Dios, asegura que hay vida después de la muerte. Siempre discutimos al respecto. 

Anoche no me encontraba bien, el dolor en el pecho cada vez se hacia mas fuerte, y decidí acostarme pronto. Elisa se quedó en el salón viendo una película. 
Ya en la cama, sentí que el dolor no me dejaba apenas respirar, después de una especie de fogonazo, dejé de sentir dolor. Decidí levantarme, la boca se me había quedado seca, necesitaba beber algo. 
¡No podía levantarme! ¡No podía moverme! Traté de gritar para llamar a Elisa y no podía gritar. No podía hablar. 
Enseguida me dí cuenta de la situación: o estaba en coma o había muerto. 
Algo me decía que estaba muerto, ¿tendría razón Elisa?, ¿había vida después de la muerte? 
Traté de salir de mi cuerpo, pero no pude. Podía oír la televisión, todos los ruidos por leves que fueran, hasta me parecía percibir la respiración de Elisa. 
Entonces me entró otra duda: ¿podría ver? En la oscuridad del dormitorio no era capaz de percibir nada, traté de mover los ojos. Todo inútil. Solo me quedaba esperar. 

Ha pasado una hora, quizás dos, no se... no soy capaz de calcular el tiempo, sigo oyendo la televisión, Elisa aún no ha decidido acostarse. 
Estoy inclinado hacia mi derecha, en mi lado de la cama. Aun en el supuesto de que pudiese ver, tendría acceso solamente al armario. Tiene un gran espejo en la puerta, estoy impaciente por saber si puedo verme... 

¡Por fin paró el televisor! Oigo los pasos de Elisa, ¡viene hacia aquí! 
Entra a oscuras para no despertarme, pobrecita que terrible experiencia le espera. 
¡Ha entrado al baño y ha dado la luz! Puedo ver, un segundo solamente, pues ha cerrado la puerta enseguida y no me ha dado tiempo apenas a mirarme en el espejo...

Tarda en salir, estoy impaciente y a la vez temeroso por el difícil trance que le espera. 
¡Sale a oscuras! 
¡No!
¡Se acuesta con sigilo a mi lado!
¡Elisa tócame!
¡Elisa!

Imposible no puede oírme. Escucho su respiración acompasada, se ha dormido. 

No se cuanto tiempo ha pasado, pero empieza a amanecer puedo notarlo. 
¡Puedo verme en el espejo! 
¡Es horrible! 
Dios mío Elisa que terrible estampa, ¡no quiero que me veas! ¡No! Elisa mi amor perdóname... 

Quiero que termine este calvario. Puedo escuchar todo a mí alrededor y verme en el espejo, solo verme, no puedo girar ni un milímetro la vista para esquivar la terrible visión.

Gracias que siempre dije a Elisa que me incineraran, no puedo ni imaginarme como tiene que ser de terrible quedar sepultado. Escuchando el espantoso sonido de centenares de gusanos royendo la carne, el crujido de los huesos desmoronándose, el ruido de la tierra cayendo sobre la caja. ¡Solo espero que al quedar convertido en cenizas acabe este calvario! 

¡ Elisa se mueve, se está levantando! ¡Me abraza! Puedo ver en el espejo como asoma su brazo sobre mi cuerpo, ¡que extraña sensación! Veo que me está abrazando, pero no siento el más mínimo contacto. 
Ahora veo su rostro, está erguida mirándome en el espejo, no reacciona, me acaricia el rostro y sigue mirándome en el espejo. 
¡Imposible describir su expresión! No grita, sus ojos me miran embargados en una inmensa tristeza y de ellos aparecen lágrimas silenciosas, cargadas de amargura. ¡Dios como me gustaría llorar con ella! 
Se levanta lentamente, por un momento la pierdo de vista, hasta que aparece inclinada frente a mí, acerca su mano a mi cara.
¡No! 
¡Me está cerrando los ojos! 
¡No Elisa! 
¡No! 

Ya solo me quedan los sonidos, el ir y venir de gente, llantos, sollozos pésames. En un momento determinado oigo el ruido de una cremallera, deduzco que me están metiendo en una bolsa, imagino que para llevarme al tanatorio. 
Oigo a dos hombres hablar de sus hazañas del fin de semana, ruidos de telas y….

¡Espera! ¡Puedo oler! ¡No me había dado cuenta! ¡Percibo olores! Un fuerte olor que no identifico y también me llega el perfume de flores. 

Ahora escucho en la lejanía voces y llantos, creo que estoy en el velatorio. 
Llevo bastante rato oyendo solamente el chisporrotear de las velas. 

Vuelvo a escuchar voces de hombres que no identifico, imagino que vienen ya para incinerarme, por fin voy a descansar. 

-¿Quiere verlo antes de cerrar la caja? 
- Si. Le oigo decir a Elisa, ¡como me gustaría poder verla! ¡Sentirla! . 
Alguien está con ella, porque le esta hablando.
¡Como! 
¿Que está diciendo? 
-Pues si Juan, ya sé que él quería ser incinerado, pero mi fe no me permite tal cosa, será enterrado cristianamente, estoy segura que el lo aprobaría. 
¡No Elisa!
¡¡¡Noooooooo!!!

viernes, 22 de abril de 2016

El arbol


Árbol, buen árbol, que tras la borrasca 
te erguiste en desnudez y desaliento, 
sobre una gran alfombra de hojarasca 
que removía indiferente el viento...

Hoy he visto en tus ramas la primera 
hoja verde, mojada de rocío, 
como un regalo de la primavera, 
buen árbol del estío.

Y en esa verde punta 
que está brotando en ti de no sé dónde, 
hay algo que en silencio me pregunta 
o silenciosamente me responde.

Sí, buen árbol; ya he visto como truecas 
el fango en flor, y sé lo que me dices; 
ya sé que con tus propias hojas secas 
se han nutrido de nuevo tus raíces.

Y así también un día, 
este amor que murió calladamente, 
renacerá de mi melancolía 
en otro amor, igual y diferente.

No; tu augurio risueño, 
tu instinto vegetal no se equivoca: 
Soñaré en otra almohada el mismo sueño, 
y daré el mismo beso en otra boca.

Y, en cordial semejanza, 
buen árbol, quizá pronto te recuerde, 
cuando brote en mi vida una esperanza 
que se parezca un poco a tu hoja verde...

Antonio machado



miércoles, 20 de abril de 2016

Azahar


Himno al azahar

Con la inocente luz de su blancura
perlando está las ramas naranjeras.
Llueve abril un alud de primaveras
y forja mil collares de hermosura.
Como trozos de cielo en miniatura
proclaman, virginal, su realeza
en un alto prodigio de belleza.
El olor es nupcial, privilegiado,
y a su paso el campo, engalanado,
se viste totalmente de pureza.

Juan Ramón Barat