sábado, 17 de septiembre de 2016

Luna de la cosecha



La Luna de Cosecha ("Harvest Moon") cuyo nombre procede de los países nórdicos, es la Luna Llena más cercana al Equinoccio de Otoño.

Es llamada la luna de la cosecha debido a que los agricultores podían prolongar un poco más sus jornadas de trabajo en esta época de recolección, iluminados por la luz tan brillante de esta luna llena.

Esta luna es doblemente mágica ya que se une con Mabon, la entrada del otoño. En la mitología y antiguas creencias nórdicas esta era la Luna más poderosa del año y durante esta noche se bendecían las cosechas para que fueran abundantes.


Fragmento de la novela La luna de la cosecha.
de
Anxos Sumai

Caminaba lentamente, rodeada de mariposas nocturnas y del croar distante de las ranas. Caminaba por un paisaje derruido, de volcanes muertos y de negra lava solidificada. Los pies descalzos levantaban el polvo de la llanura que se abría ante ella, cubierta por la oscuridad de la noche. Estaba medio desnuda, el vientre y los pechos desnudos, aunque cubría la cabeza con una tela de gasa blanca. Había algo sensual y repulsivo al mismo tiempo en aquella mujer, porque su deseo era demasiado evidente y dejaba tras ella un intenso olor genital. En las manos portaba una hoz, que despedía fulgores de hierro oxidado. A su paso los perros, excitados por el olor de la mujer, aullaban como lobos en celo pero ella no los temía, ni siquiera desviaba la mirada del sendero que la arrastraba. Por fin, aun rodeada de mariposas, llegó junto a una losa de piedra pulida y se acostó en ella, con las piernas abiertas y la cara cubierta por el paño de gasa. Posó la hoz sobre los pechos y esperó. Notó como alguien se acostaba sobre ella y la poseía hasta el delirio. Después abrió los ojos y, despacio, la luz y la oscuridad fueron una sola cosa, un universo vibrante y cubierto por un fulgor azulado que deshilachaba las sombras de la noche.

—Es la hora -murmuró la mujer-. Amanece la luna de la cosecha.

Bet despertó con una deliciosa sensación en el cuerpo. Dio media vuelta en la cama y siguió durmiendo.



jueves, 23 de junio de 2016

Alegría


Soneto la alegría de vivir
No se razona, no se piensa en nada, 
Su surtidor tan sólo, la Alegría, 
Abrir los ojos, saludar al día, 
El alma ebria de cielo, enajenada.

Sentir la tierra vegetal, mojada, 
Los pájaros, el mar, la lluvia fría, 
Sentir que toda la belleza es mía 
Que es mío el mundo y mía esta jornada.

Sentir la vida como un don del cielo 
Sin dolores, sin ansias, pura y fuerte, 
Vivir, sólo vivir, qué hermoso anhelo.

Confiar en el destino y en la suerte 
Y libre de quebrantos y recelo 
No temerle a la vida ni a la muerte.

Fermín Estrella Gutiérrez


miércoles, 27 de abril de 2016

Nunca fui creyente



Este texto lo escribí hace ya mucho tiempo para un reto de textos de terror.

Espero que os guste... o no, porque algo de miedo si que da...

Nunca fui creyente, en ocasiones cuando hablamos de ello, Elisa trata de convencerme de la existencia de Dios, asegura que hay vida después de la muerte. Siempre discutimos al respecto. 

Anoche no me encontraba bien, el dolor en el pecho cada vez se hacia mas fuerte, y decidí acostarme pronto. Elisa se quedó en el salón viendo una película. 
Ya en la cama, sentí que el dolor no me dejaba apenas respirar, después de una especie de fogonazo, dejé de sentir dolor. Decidí levantarme, la boca se me había quedado seca, necesitaba beber algo. 
¡No podía levantarme! ¡No podía moverme! Traté de gritar para llamar a Elisa y no podía gritar. No podía hablar. 
Enseguida me dí cuenta de la situación: o estaba en coma o había muerto. 
Algo me decía que estaba muerto, ¿tendría razón Elisa?, ¿había vida después de la muerte? 
Traté de salir de mi cuerpo, pero no pude. Podía oír la televisión, todos los ruidos por leves que fueran, hasta me parecía percibir la respiración de Elisa. 
Entonces me entró otra duda: ¿podría ver? En la oscuridad del dormitorio no era capaz de percibir nada, traté de mover los ojos. Todo inútil. Solo me quedaba esperar. 

Ha pasado una hora, quizás dos, no se... no soy capaz de calcular el tiempo, sigo oyendo la televisión, Elisa aún no ha decidido acostarse. 
Estoy inclinado hacia mi derecha, en mi lado de la cama. Aun en el supuesto de que pudiese ver, tendría acceso solamente al armario. Tiene un gran espejo en la puerta, estoy impaciente por saber si puedo verme... 

¡Por fin paró el televisor! Oigo los pasos de Elisa, ¡viene hacia aquí! 
Entra a oscuras para no despertarme, pobrecita que terrible experiencia le espera. 
¡Ha entrado al baño y ha dado la luz! Puedo ver, un segundo solamente, pues ha cerrado la puerta enseguida y no me ha dado tiempo apenas a mirarme en el espejo...

Tarda en salir, estoy impaciente y a la vez temeroso por el difícil trance que le espera. 
¡Sale a oscuras! 
¡No!
¡Se acuesta con sigilo a mi lado!
¡Elisa tócame!
¡Elisa!

Imposible no puede oírme. Escucho su respiración acompasada, se ha dormido. 

No se cuanto tiempo ha pasado, pero empieza a amanecer puedo notarlo. 
¡Puedo verme en el espejo! 
¡Es horrible! 
Dios mío Elisa que terrible estampa, ¡no quiero que me veas! ¡No! Elisa mi amor perdóname... 

Quiero que termine este calvario. Puedo escuchar todo a mí alrededor y verme en el espejo, solo verme, no puedo girar ni un milímetro la vista para esquivar la terrible visión.

Gracias que siempre dije a Elisa que me incineraran, no puedo ni imaginarme como tiene que ser de terrible quedar sepultado. Escuchando el espantoso sonido de centenares de gusanos royendo la carne, el crujido de los huesos desmoronándose, el ruido de la tierra cayendo sobre la caja. ¡Solo espero que al quedar convertido en cenizas acabe este calvario! 

¡ Elisa se mueve, se está levantando! ¡Me abraza! Puedo ver en el espejo como asoma su brazo sobre mi cuerpo, ¡que extraña sensación! Veo que me está abrazando, pero no siento el más mínimo contacto. 
Ahora veo su rostro, está erguida mirándome en el espejo, no reacciona, me acaricia el rostro y sigue mirándome en el espejo. 
¡Imposible describir su expresión! No grita, sus ojos me miran embargados en una inmensa tristeza y de ellos aparecen lágrimas silenciosas, cargadas de amargura. ¡Dios como me gustaría llorar con ella! 
Se levanta lentamente, por un momento la pierdo de vista, hasta que aparece inclinada frente a mí, acerca su mano a mi cara.
¡No! 
¡Me está cerrando los ojos! 
¡No Elisa! 
¡No! 

Ya solo me quedan los sonidos, el ir y venir de gente, llantos, sollozos pésames. En un momento determinado oigo el ruido de una cremallera, deduzco que me están metiendo en una bolsa, imagino que para llevarme al tanatorio. 
Oigo a dos hombres hablar de sus hazañas del fin de semana, ruidos de telas y….

¡Espera! ¡Puedo oler! ¡No me había dado cuenta! ¡Percibo olores! Un fuerte olor que no identifico y también me llega el perfume de flores. 

Ahora escucho en la lejanía voces y llantos, creo que estoy en el velatorio. 
Llevo bastante rato oyendo solamente el chisporrotear de las velas. 

Vuelvo a escuchar voces de hombres que no identifico, imagino que vienen ya para incinerarme, por fin voy a descansar. 

-¿Quiere verlo antes de cerrar la caja? 
- Si. Le oigo decir a Elisa, ¡como me gustaría poder verla! ¡Sentirla! . 
Alguien está con ella, porque le esta hablando.
¡Como! 
¿Que está diciendo? 
-Pues si Juan, ya sé que él quería ser incinerado, pero mi fe no me permite tal cosa, será enterrado cristianamente, estoy segura que el lo aprobaría. 
¡No Elisa!
¡¡¡Noooooooo!!!

viernes, 22 de abril de 2016

El arbol


Árbol, buen árbol, que tras la borrasca 
te erguiste en desnudez y desaliento, 
sobre una gran alfombra de hojarasca 
que removía indiferente el viento...

Hoy he visto en tus ramas la primera 
hoja verde, mojada de rocío, 
como un regalo de la primavera, 
buen árbol del estío.

Y en esa verde punta 
que está brotando en ti de no sé dónde, 
hay algo que en silencio me pregunta 
o silenciosamente me responde.

Sí, buen árbol; ya he visto como truecas 
el fango en flor, y sé lo que me dices; 
ya sé que con tus propias hojas secas 
se han nutrido de nuevo tus raíces.

Y así también un día, 
este amor que murió calladamente, 
renacerá de mi melancolía 
en otro amor, igual y diferente.

No; tu augurio risueño, 
tu instinto vegetal no se equivoca: 
Soñaré en otra almohada el mismo sueño, 
y daré el mismo beso en otra boca.

Y, en cordial semejanza, 
buen árbol, quizá pronto te recuerde, 
cuando brote en mi vida una esperanza 
que se parezca un poco a tu hoja verde...

Antonio machado



miércoles, 20 de abril de 2016

Azahar


Himno al azahar

Con la inocente luz de su blancura
perlando está las ramas naranjeras.
Llueve abril un alud de primaveras
y forja mil collares de hermosura.
Como trozos de cielo en miniatura
proclaman, virginal, su realeza
en un alto prodigio de belleza.
El olor es nupcial, privilegiado,
y a su paso el campo, engalanado,
se viste totalmente de pureza.

Juan Ramón Barat



domingo, 10 de abril de 2016

Escalera a ninguna parte


Cor fidel 
A una dolor que va dellá del seny 
fa només l'Impossible cara tendra.
El pur palau esdevingué pedreny: 
els murs són aire, el teginat és cendra. 
I, lladre d'aquest lloc desposseít, 
palpant, caient, a poc a poc alçantse, 
el descoratjament roda en la nit 
rapisser del record i la frisança. 
Jo sé d'on ve l'inesgotable foc 
que animará la morta polseguera.
Veig l'últim monument en l'enderroc. 
Jo pujaré, sense replans d'espera, 
cap al camí de l'alba fugissera 
peí tros d'escala que no mena enlloc. 
(Josep Carner)

Corazón fiel
A un dolor que va mas allá del sano juicio
Solo lo imposible le ofrece un rostro tierno.
El palacio puro se convirtió en un pedregal:
Los muros son aire, el artesonado ceniza.
Y ladrón de ese lugar desposeído,
A tientas, cayéndose y lentamente alzándose,
Va rodando el desanimo de la noche
Rapaz del recuerdo y el deseo.
Yo se de donde viene el fuego inagotable
Que dará vida al polvo muerto.
Veo el último monumento en las ruinas
Yo subiré sin rellanos de espera
Hacia el camino de la huidiza aurora
Por el tramo de la escalera que no va a ninguna parte


sábado, 26 de marzo de 2016

Chuparse el dedo


"¡Conrado!", dice mamá:
"Salgo un rato, estate acá
sé bueno, juicioso y pío
hasta que vuelva, hijo mío
y no te chupes el dedo
porque entonces —¡ay, qué miedo!—
vendrá a buscarte, pillastre
con las tijeras el sastre
y te cortará —tris, tras!—
los pulgares, ya verás".

Sale la señora y ¡zas!
¡Chupa que te chuparás…!

Se abre la puerta y de un salto,
entra en la casa, al asalto,
el terrible sastre aquél
que venía en busca de él.
Con la afilada tijera
le corta los dedos —¡fuera!—
y deja al pobre Conrado,
llorando desconsolado.

Cuando mamá vuelve al hogar,
Se lo encuentra -¡puro llorar!-
¡Sin pulgares se quedó,
el sastre se los cortó!

Struwwelpeter de Heinrich Hoffmann 
Die Geschichte vom Daumenlutscher (La Historia del Pequeño Chupa-dedo)




lunes, 14 de marzo de 2016

Lady blue


Para salvar las noches en que estas enfadada,
y con estos diez años que te llevo de ventaja,
voy a obligarte niña a mirarme a la cara,
y hasta que te lo diga, que no me des la espalda.

Cuando seamos viejos vas a llorar con rabia
de verte en el espejo la cara tan cambiada,
se llenaran de arrugas tus risas de muchacha.

Será más insegura esta voz que hoy te manda.
Cuando seamos viejos no habrá tanta distancia,
sentirás menos miedo sabiéndome en tu cama.
Ya, ni discutiremos, no servirá de nada
te reñiré bajito lo que antes te chillaba.

Cuando seamos viejos, estarás mas cansada,
seremos compañeros, nos haremos mas falta,
cuando no esté contigo te notaras muy rara,
me encontraré perdido si un día nos separan

Cuando seamos viejos, veremos con nostalgia
sentados desde un banco, como la vida pasa,
yo hablando con alguno que no me entienda nada,
tu inventándote prisas para volver a casa.
Para salvar las noches que entonces serán largas,
y cuando mis diez años se vuelvan desventaja,
porque me falten fuerzas o a ti te falte gracia,
entonces niña vieja podrás darme la espalda.

Alberto Bourbón



domingo, 13 de marzo de 2016

Faralá


Mi falda de tres volantes
y mi blusa desprendida,
qué bien me adornan andares
y brazos del aire libre.
¡Cómo se ondea mi falda
desde el volante primero,
perseguida curva eléctrica,
hasta la orilla firme!
Y mi blusa desprendida,
viento y calma, sol y sombra,
cómo juega y se persigue
desde el hombro a la cintura.
¡Ay, que me gusta mirarte,
espejito biselado,
cristales de las esquinas,
gafas de los estudiantes!

(Josefina de la Torre)


La guitarra


La guitarra

Empieza el llanto 
de la guitarra. 
Se rompen las copas de la madrugada. 
Empieza el llanto de la guitarra. 
Es inútil callarla. 
Es imposible callarla. 
Llora monótona 
como llora el agua, 
como llora el viento 
sobre la nevada. 
Es imposible callarla. 
Llora por cosas 
lejanas. 
Arena del Sur caliente 
que pide camelias blancas. 
Llora flecha sin blanco, 
la tarde sin mañana, 
y el primer pájaro muerto 
sobre la rama. 
!Oh guitarra! 
Corazón malherido 
por cinco espadas. 
(Federico Garcia Lorca)





miércoles, 9 de marzo de 2016

La creación



LA CREACIÓN
POEMA INDIO


Gustavo Adolfo Bécquer



I


Los aéreos picos del Himalaya se coronan de nieblas oscuras en cuyo seno hierve el rayo, y sobre las llanuras que se extienden a sus pies flotan nubes de ópalo que derraman sobre las flores un rocío de perlas. 

Sobre la onda pura del Ganges se mece la simbólica flor del loto, y en la ribera aguarda su víctima el cocodrilo, verde como las hojas de las plantas acuáticas que lo esconden a los ojos del viajero. 

En las selvas del Indostán hay árboles gigantescos, cuyas ramas ofrecen un pabellón al cansado peregrino, y otros cuya sombra letal lo llevan desde el sueño a la muerte.

El amor es un caos de luz y de tinieblas; la mujer, una amalgama de perjurios y ternura; el hombre, un abismo de grandeza y pequeñez; la vida, en fin, puede compararse a una larga cadena con eslabones de hierro y de oro.

II

El mundo es un absurdo animado que rueda en el vacío para asombro de sus habitantes. 

No busquéis su explicación en los Vedas, testimonios de las locuras de nuestros mayores, ni en los Puranas, donde, vestidos con las deslumbradoras galas de la poesía, se acumulan disparates sobre disparates acerca de su origen. 

Oíd la historia de la creación tal como fue revelada a un piadoso brahmín, después de pasar tres meses en ayunas, inmóvil en la contemplación de sí mismo y con los índices levantados hacia el firmamento.

III

Brahma es el punto de la circunferencia: de él parte y a él converge todo.  No tuvo principio ni tendrá fin. 

Cuando no existían ni el espacio ni el tiempo, Maya flotaba a su alrededor como una niebla confusa pues, absorto en la contemplación de sí mismo, aún no la había fecundado con sus deseos. 

Como todo cansa, Brahma se cansó de contemplarse, y levantó los ojos en una de sus cuatro caras y se encontró consigo mismo, y abrió airado los de otra y tornó a verse, porque él lo ocupaba todo, y todo era él.

La mujer hermosa, cuando pule el acero y contempla su imagen, se deleita en sí misma: pero al cabo busca otros ojos donde fijar los suyos, y si no los encuentra, se aburre. Brahma no es vano como la mujer, porque es perfecto. Figuraos si se aburriría de hallarse solo, solo en medio de la eternidad y con cuatro pares de ojos para verse.

IV

Brahma deseó por primera vez y su deseo, fecundando la creadora Maya que lo envolvía, hizo brotar de su seno millones de puntos de luz, semejantes a esos átomos microscópicos y encendidos que nadan en el rayo del sol que penetra por entre la copa de los árboles. 

Aquel polvo de oro llenó el vacío, y al agitarse produjo miríadas de seres, destinados a entonar himnos de gloria a su creador. 

Los gandharvas, o cantores celestes, con sus rostros hermosísimos, sus alas de mil colores, sus carcajadas sonoras y sus juegos infantiles, arrancaron a Brahma la primera sonrisa, y de ella brotó el Edén. El Edén con sus ocho círculos, las tortugas y los elefantes que los sostienen, y su santuario en la cúspide.

V

Los chiquillos fueron siempre chiquillos: bulliciosos, traviesos e incorregibles, comienzan por hacer gracia; una hora después aturden y concluyen por fastidiar. Una cosa muy parecida debió de acontecerle a Brahma cuando, apeándose del gigantesco cisne que como un corcel de nieve lo paseaba por el cielo, dejó aquella turbamulta de gandharvas en los círculos inferiores y se retiró al fondo de su santuario.

Allí donde no llega ni un eco perdido, ni se percibe el rumor más leve, donde reina el augusto silencio de la soledad y su profunda calma convida a las meditaciones, Brahma, buscando una distracción con que matar su eterno fastidio, después de cerrar la puerta con dos vueltas de llave, entregose a la alquimia.

VI

Los sabios de la tierra, que pasan su vida encorvados sobre antiguos pergaminos, que se rodean de mil objetos misteriosos y conocen las extrañas propiedades de las piedras preciosas, los metales y las palabras cabalísticas, hacen, por medio de esta ciencia, transformaciones increíbles. El carbón lo convierten en diamante, la arcilla en oro; descomponen el agua y el aire, analizan la llama y arrancan al fuego el secreto de la vitalidad y la luz.

Si todo esto consigue un mortal miserable con el reflejo de su saber, figuraos por un instante lo que haría Brahma, que es el principio de toda ciencia. 

VII

De un golpe creó los cuatro elementos y creó también a sus guardianes: Agnis, que es el espíritu de las llamas; Vajous, que aúlla montado en el huracán; Varunas, que se revuelve en los abismos del océano, y Prithivi, que conoce todas las cavernas subterráneas de los mundos y vive en el seno de la creación.

Después encerró en redomas transparentes y de una materia nunca vista gérmenes de cosas inmateriales e intangibles, pasiones, deseos, facultades, virtudes, principios de dolor y de gozo, de muerte y de vida, de bien y de mal. Y todo lo subdividió en especies y lo clasificó con diligencia exquisita, poniéndole un rótulo escrito a cada una de las redomas.

VIII

La turba de rapaces, que ensordecía en tanto con sus voces y sus ruidosos juegos los círculos inferiores del Paraíso, echó de ver la falta de su señor. « ¿Dónde estará?», exclamaban los unos « ¿Qué hará?», decían entre sí los otros; y no eran parte a disminuir el afán de los curiosos las columnas de negro humo que veían salir en espirales inmensas del laboratorio de Brahma, ni los globos de fuego que desde el mismo punto se lanzaban volteando al vacío, y allí giraban como en una ronda luminosa y magnífica.

IX

La imaginación de los muchachos es un corcel y la curiosidad, la espuela que lo aguijonea y lo arrastra a través de los proyectos más imposibles. Movidos por ella, los microscópicos cantores comenzaron a trepar por las piernas de los elefantes que sustentan los círculos del cielo, y de uno en otro se encaramaron hasta el misterioso recinto donde Brahma permanecía aún absorto en sus especulaciones científicas. 

Una vez en la cúspide, los más atrevidos se agruparon alrededor de la puerta, y uno por el ojo de la llave y otros por entre las rendijas y claros de los mal unidos tableros, penetraron con la mirada en el inmenso laboratorio objeto de su curiosidad.

El espectáculo que se ofreció a sus ojos no pudo menos de sorprenderles.

X

Allí había diseminadas, sin orden ni concierto, vasijas y redomas colosales de todas hechuras y colores. Esqueletos de mundos, embriones de astros y fragmentos de lunas yacían confundidos con hombres a medio modelar, proyectos de animales monstruosos sin concluir, pergaminos oscuros, libros en folio e instrumentos extraños. Las paredes estaban llenas de figuras geométricas, signos cabalísticos y fórmulas mágicas, y en medio del aposento, en una gigantesca marmita colocada sobre una lumbre inextinguible, hervían con un ruido sordo mil y mil ingredientes sin nombre, de cuya sabia combinación habían de resultar las creaciones perfectas.

XI

Brahma, a quien apenas bastaban sus ocho brazos y sus dieciséis manos para tapar y destapar vasijas, agitar líquidos y remover mixturas, tomaba algunas veces un gran canuto, a manera de cerbatana, y así como los chiquillos hacen pompas de jabón valiéndose de las cañas del trigo seco, lo sumergía en el licor, se inclinaba después sobre los abismos del cielo y soplaba en la  una punta, apareciendo en la otra un globo candente que al lanzarse comenzaba a girar sobre sí mismo y al compás de los otros que ya flotaban en el espacio.

XII

Inclinado sobre el abismo sin fondo, el creador les seguía con una mirada satisfecha, y aquellos mundos luminosos y perfectos, poblados de seres felices y hermosísimos sobre toda ponderación, que son esos astros que, semejantes a los soles, vemos aún en las noches serenas, entonaban un himno de alegría a su dios, girando sobre sus ejes de diamante y oro con una cadencia majestuosa y solemne.

Los pequeñuelos gandharvas, sin atreverse ni aun a respirar, se miraban espantados entre sí, llenos de estupor y miedo ante aquel espectáculo grandioso.

XIII

Cansose Brahma de hacer experimentos y, abandonando el laboratorio no sin haberle echado, al salir, la llave, y guardándola en el bolsillo, tornó a montar sobre su cisne con objeto de tomar el aire. Pero, ¡cuál no sería su preocupación cuando él, que todo lo ve y todo lo sabe, no advirtió que, abstraído en sus ideas, había echado la llave en falso! No le pasó lo mismo a la inquieta turba de rapaces que advirtiendo el descuido, le siguieron a larga distancia con la vista y, cuando se creyeron solos, uno empuja poquito a poco la puerta, éste asoma la cabeza, aquél adelanta un pie, acabaron por invadir el laboratorio, tardando muy poco en encontrarse en él como en su casa.

XIV

Pintar la escena que entonces se verificó en aquel recinto sería imposible.

Primeramente examinaron todos los objetos con el mayor asombro; luego se atrevieron a tocarlos, y al fin terminaron por no dejar títere con cabeza. Echaron pergaminos en la lumbre para que sirvieran de pasto a las llamas; destaparon las redomas, no sin quebrar algunas; removieron las vasijas, derramando su contenido, y después de oler, probar y revolverlo todo, los unos se colgaron de los soles y estrellas aún no concluidos y pendientes de las bóvedas para secarse; los otros se subían por las osamentas de los gigantescos animales cuyas formas no habían agradado al señor. Y arrancaron las hojas de los libros para hacer mitras de papel, y se colocaron los compases entre las piernas a guisa de caballo, y rompieron las varas de virtudes misteriosas, alanceándose con ellas.

Por último, cansados de enredar, decidieron hacer un mundo tal y como lo habían visto hacer.

XV

Aquí comenzó el gran bullicio, la confusión y las carcajadas. La marmita estaba candente. Llegó el uno, vertió un líquido en ella y se levantó una columna de humo. Luego vino otro, arrojó sobre aquel un elixir misterioso que contenía una redoma, con la que llegó casi sin aliento hasta el borde del receptáculo: tan grande era la vasija y tan rapazuelo su conductor. A cada nuevo ingrediente que arrojaban en la marmita se elevaban de su fondo llamaradas azules y rojas, que saludaba la alegre muchedumbre con gritos de júbilo y risotadas interminables.

XVI

Allí mezclaron y confundieron todos los elementos del bien y del mal, el dolor y la alegría, la fealdad y la hermosura, la abnegación y el egoísmo, los gérmenes del hielo destinados a mundos hechos de manera que el frío causase una fruición deleitosa en sus habitadores y los del calor compuestos para globos cuyos seres se habían de gozar en las llamas, y revolvieron los principios de la divinidad, el espíritu con la grosera materia, la arcilla y el fango, confundiendo en un mismo brebaje la impotencia y los deseos, la grandeza y la pequeñez la vida y la muerte.

Aquellos elementos tan contrarios rabiaban al verse juntos en el fondo de la marmita.

XVII

Hecha la operación, uno de ellos se arrancó una pluma de las alas, le cortó las barbas con los dientes y, mojando lo restante en el líquido, fue a inclinarse sobre el abismo sin fondo, y sopló, y apareció un mundo. Un mundo deforme, raquítico, oscuro, aplastado por los polos, que volteaba demedio ganchete, con montañas de nieve y arenales encendidos, con fuego en las entrañas y océanos en la superficie, con una humanidad frágil y presuntuosa, con aspiraciones de dios y flaquezas de barro. El principio de muerte, destruyendo cuanto existe, y el principio de vida, con conatos de eternidad, reconstruyéndolo con sus mismos despojos: un mundo disparatado, absurdo, inconcebible, nuestro mundo en fin.

Los chiquillos que lo habían formado, al mirarle rodar en el vacío de un modo tan grotesco, le saludaron con una inmensa carcajada, que resonó en los ocho círculos del Edén.

XVIII

Brahma, al escuchar aquel ruido, volvió en sí y vio cuanto pasaba, y lo comprendió todo. La indignación llameó en sus pupilas. Su airado acento atronó el cielo y amedrentó a la turba de muchachos, que huyó sobrecogida y dispersa a puntapiés; y ya tenía levantada la mano sobre aquella deforme creación para destruirla, ya el solo amago había producido en ella esa gran catástrofe que aún recordamos con el nombre del Diluvio, cuando uno de los garzdharvas, el más travieso, pero el más mono, se arrojó a sus plantas, diciendo entre sollozos:

-¡Señor, señor, no nos rompas nuestro juguete!

XIX

Brahma es grave, porque es dios y, sin embargo, tuvo que hacer un grande esfuerzo al oír estas palabras para no dejar reventar la risa que le retozaba en los ojos. Al cabo, reponiéndose, exclamó:

-¡Id, turba desalmada e incorregible! Marchaos donde no os vea más con vuestra deforme criatura. Ese mundo no debe, no puede existir, porque en él hasta los átomos pelean con los átomos; pero marchad, os repito. Mi esperanza es que en poder vuestro no durará mucho.

Dijo Brahma, y los chiquillos, dándose empellones y riéndose descompensadamente y arrojando gritos descomunales, se lanzaron en pos de nuestro globo, y éste le da por aquí, el otro le hurga por allá... Desde entonces ruedan con él por el cielo para asombro de los otros mundos y desesperación de sus habitantes.

Por fortuna nuestra, Brahma lo dijo y sucederá así. Nada hay más delicado ni más temible que las manos de los chiquillos; en ellas, el juguete no puede durar mucho




El Hilwa Dy




Os dejo este precioso tema árabe:

El Hilwa Dy
Música: Sayed Darwish
Arreglo vocal: Cristina Mora Barranco
Letra: Badî3 Xairy
Transcripción y Traducción: Basma Laouini

Basado en las versiones de
Oumayma Khalil
Feiruz

Grabado con micrófono Blue Yeti Pro. 
Montado con imágenes libres de MorgueFile.

Voces de ida y vuelta:


Esta guapa se levanto de madrugada para amasar el pan,
y el gallo canta "ki ki ri ki" por la mañana. 
Vámonos al trabajo, maestros.
Que tengas un buen día, maestro Ati-iya.
Apareció el día. Que Dios nos ayude.
Y en nuestro bolsillo no hay ni un duro.
Pero a pesar de todo no perdemos nuestro buen humor.
La puerta de la esperanza es tuya, Dios.
Ya no tenemos paciencia.
¿Y hasta cuándo esta situación?
Tú, que tienes dinero:
el pobre también tiene un Dios generoso.
Pero a pesar de todo no perdemos nuestro buen humor.
La puerta de la esperanza es tuya, Dios.
El sol salió y todo pertenece a Dios.
Corre y ve al trabajo, Dios te ayudará.
¡Lleva tus herramientas y vámonos!
¡Lleva tus herramientas y vámonos!